viernes, 29 de mayo de 2020

¿De qué depende el valor de los bienes?



Normalmente pensamos que el precio de un bien expresa el valor del mismo, incluso pudiendo deducir que se puede dar más valor a un bien a través de la “industrialización” de las materias primas, dotando al bien de un “valor agregado”; así pues parece perfectamente explicable que un kilo de clavos cuesta mucho más que un kilo de hierro y esto se explica porque los clavos conllevan una mayor cantidad de costos como ser: mayor trabajo por parte de la mano de obra, gastos administrativos, mayor inversión en factorías, máquinas, herramientas, conocimientos técnicos (ingeniería) tanto para las mezclas del hierro con otros insumos, así como su preparación bajo condiciones físicas (temperatura) y tantos otros costos en que se incurre para la fabricación de los mismos.

La estructura anteriormente descrita parece ser bastante conveniente para países pobres, como ser el caso latinoamericano, pues desde colegio nos enseñan usualmente que la historia trágica de nuestra desgracia es porque desde tiempos de la colonia, Sudamérica ha sido el almacén de materias primas para los imperios y reinos; y actualmente servimos a los imperios empresariales (“transnacionales”). Entonces, la fórmula es relativamente fácil, los países pobres deben invertir en añadir “valor agregado” a sus materias primas, porque así se pasaría de importar todo tipo de bienes a exportarlos, así pues el país acumula mayor riqueza y se crean empleos, pero que tal si el sector privado no quiere o no cree en el país y no “desea” invertir para añadir el tan buscado “valor agregado”, pues el gobierno debe hacer las gestiones correspondientes ¿verdad?.

Pues con sus diferentes matices, esta ha sido la escuela en la región sudamericana, el valor de la cosas (bienes) se halla en el trabajo que pueda agregársele, en sí ésta es la única forma de crear valor y dar valor a los bienes, es más, ahí justamente, en el proceso productivo se encuentra la plusvalía que describía Karl Marx hace más de un siglo; básicamente el plusvalor de una mercancía es una parte que no se paga (reconoce) al trabajador, porque solamente el trabajador produce valor, los proletarios son engañados por el empresario al no pagar ese plusvalor, por lo cual se insta a expropiar la propiedad privada a nivel mundial, a través de la unión de todos los trabajadores.

Ahora, para Marx el valor de un bien es objetivo (porque existe un trabajo incorporado en la producción de bienes, existen costos concretos que se incorporaron al bien), como habíamos dicho consiste solamente en el trabajo que se dedica para producir dicho bien, porque las máquinas, herramientas y demás (medios de producción) no puede crear valor ni se le puede extraer plusvalor, porque el mismo ya fue realizado y apropiado por otro empresario en el proceso productivo anterior, es decir en el período en que fueron producidos dichos medios de producción. A este trabajo Marx lo relacionó con un concepto denominado por él como Tiempo de Trabajo Socialmente Necesario, que es básicamente el tiempo que lleva la producción de mercancías (bienes).

Volviendo a nuestro ejemplo de los clavos, que sucede si los clavos van siendo cada vez menos necesarios porque se encontró una forma más eficiente de ensamblar las cosas (de hecho ya sucede hace tiempo con muebles hechos en Japón); los clavos pasaron de tener una valoración en el mercado por el cual se pagaba un precio que hacía que hacía que personas inviertan en la producción de los mismos a valer prácticamente nada, a donde se fueron todos costos concretos en que se incurrieron, hubieron egresos por compra de insumos, las máquinas se depreciaron, se consumieron combustibles, pago de alquileres, los esfuerzos y el trabajo de tantas personas prácticamente cayó en “saco roto” como se diría coloquialmente y debe ser pagado a través de la cancelación de sueldos y salarios. El precio ya no cubre ni si quiera los costos, mucho menos hay ganancia; todo esto es objetivo y demostrable, que se ha trabajado y se produjeron los mismos clavos con la calidad de siempre, pero algo sucede, pareciera no tener valor. Marx aceptó que ésta situación es posible en el mercado, en el que no siempre coincide el precio de un bien con el valor del mismo ¿Es esto posible? Pues si observamos la realidad, fácilmente podemos percatarnos que existen por un lado procesos dinámicos vinculados a la innovación (obsolescencia) , como por ejemplo, los medianamente jóvenes tal vez recuerden cuan valorado era por ejemplo una línea telefónica allá en los 80´s y 90´s y quizá era mucho más en tiempos anteriores a éstas décadas, pero en la actualidad cuanto VALORA la sociedad dichas líneas telefónicas desde su expulsión y casi olvido por las líneas de teléfono celular y ahora smartphones que ha hecho de las llamadas telefónicas algo prácticamente del pasado y por otro lado tenemos a los procesos dinámicos del mercado, donde algo no ha caído en la obsolescencia, su reemplazo más eficiente o menos costoso aún no existe (como el caso del petróleo), pero ha caído a niveles insospechados a valores negativos, cuesta más mantenerlo en almacenes que tenerlo. Una vez más en éstas dos situaciones (obsolescencia y movimiento de mercado) el valor se fue a quien sabe dónde.

Otro ejemplo que escuché hace tiempo es sobre la producción de un auto: supongamos que somos vecinos y un día decido construir autos, para ello en mi garaje comienzo a hacer desde el acero, el motor, la tracción, ¡LOS FRENOS!, sistema eléctrico y demás; mis costos son de 20 mil dólares (solo es un auto estándar) y todo está facturado y digamos que por mi trabajo (tiempo y conocimiento aplicado) quiero pagarme 400 dólares al mes porque es un trabajo duro que también requiere capacitación y conocimientos. Entonces gracias a mi gran habilidad mecánica al cabo de 2 años finalmente concluyó el trabajo y el coche producido por mí mismo marca “patito” lo pongo a la venta en 29.600 dólares que son los costos incurridos más los dos años de sueldo. Ahora usted estimado vecino necesita o quiere y puede comprar un auto y le ofrezco el que produje y a ese precio, usted naturalmente averiguará otras marcas con características similares y encuentra que las empresas Suzuki y Toyota tienen carros de similares características, pero a un precio de digamos 16 mil dólares ¿Cuál será su elección? Y si me vuelvo más eficiente en costos y le ofrezco mi auto marca “patito” en 16 mil dólares también, ahora si comprará mi auto con toda seguridad ¿verdad? Y que dirá el resto del vecindario, se interesará también en el coche marca “patito”, ¿A dónde fue el valor y el trabajo empleado que todos en el vecindario vieron que puse en dicho auto junto a facturas de todos los materiales empleados? Después de todo este bien es escaso, hay otros con características similares, pero solo hay un único auto “patito” en el mundo, pero ni el trabajo ni la escasez han podido ser suficientes para que se reconozca el valor de este auto.

Entonces si la VALORACIÓN de un bien no es objetivo, o sea no se explica por los costos y el trabajo que ha sido invertido en él (Tiempo de Trabajo Socialmente Necesario, como diría Marx), y lamentablemente no garantiza que este valor se pueda expresar mediante un precio.

Entonces ¡¿Qué car*©ϕ@ explica el valor de un bien?!

Afortunadamente, existió un autor austriaco llamado Carl Menger que explicó esta cuestión en su libro Principios de Economía Política sobre la esencia de los bienes, quien explicó que todas las cosas se hallan sujetas a la ley de causa y efecto y el progreso humano cae dentro de esta ley. Así también nosotros como individuos no escapamos de esta ley y pasamos normalmente de un estadio de insatisfacción al de necesidad satisfecha, eliminando de esta manera nuestro estadio perturbado anterior.

Ahora las cosas que tienen la virtud de poder entrar en relación causal con la satisfacción de las necesidades humanas, las llama cosas útiles, y si reconocemos esta conexión causal entre estas cosas y al mismo tiempo tenemos el poder de emplear las cosas que estamos hablando en la satisfacción de nuestras necesidades, por lo cual se les llama bienes.
Para que una cosa se convierta en un bien, debe confluir cuatro condiciones:

1. Una necesidad humana
2. La cosa debe tener cualidades que haga que la misma          tenga la capacidad de mantener una relación conexión          causal con la satisfacción de dicha necesidad.
3. El individuo debe conocer la relación causal.
4. Poder de disposición de la cosa.

Con estas cuatro condiciones un objeto puede convertirse en un bien y si falta solamente una de estas condiciones ya no puede alcanzar esta categoría de bien. Este escenario se puede dar primero cuando una modificación en el ámbito de las necesidades humanas (ya no existe una necesidad que aquella cosa pueda satisfacer), segundo una modificación en las propiedades de la cosa que hace que pierda la virtud de entrar en conexión causal con la satisfacción de necesidades humanas, tercero cuando se desconoce de la conexión causal de la misma con la satisfacción de necesidades humanas y finalmente cuarto cuando el individuo no posee capacidad de disposición sobre ese objeto de modo que no puede emplearlo para la satisfacción inmediata de sus necesidades o no dispone de los medios necesarios para ponerla bajo su dominio.

Una puntualización necesaria de una categoría que Menger menciona es una relación peculiar entre una satisfacción de necesidades humanas y son consideradas como bienes, esto se da cuando se atribuye erróneamente a las cosas propiedades y causalidades que en realidad no existen o donde se presuponen necesidades humanas que en realidad no existen, para lo cual incluye en esta categoría a edificios innecesarios, amuletos, medicinas de culturas poco desarrolladas, pócimas, estatuas y todos de éste tipo menciona que son objetos que derivan su cualidad de bien por características (propiedades) imaginadas o unas necesidades humanas imaginadas, calificándolo como bienes imaginarios, es más el autor es muy duro al mencionar que los pueblos que son más pobres en bienes verdaderos, suelen ser ricos en bienes imaginarios.

Continuando con el valor de los bienes, Menger dice que es muy importante que la ciencia económica se ocupe que se tengan claras nuestras ideas sobre conexiones causales y necesidades porque nuestro bienestar depende de la satisfacción inmediata de nuestras necesidades, por ejemplo cita al caso del pan que sacia nuestra hambre y calma nuestra necesidad de alimentos; en este caso la conexión causal entre el pan y nuestra satisfacción inmediata de nuestra necesidad, pero en este caso estamos hablando de bienes que son denominados como “bienes de primer orden” o inferiores. Así también, en los mercados encontramos otro tipo de bienes como harina, hornos y otros enseres necesarios para la producción de pan pero no implican la satisfacción inmediata de nuestra necesidad, pero no por ello carecen de valor, es más satisfacen nuestras necesidades de forma mediata, o sea sirven para la producción de bienes de primer orden, por lo cual el autor a estos insumos y bienes necesarios para la producción les llama bienes de segundo orden, que tienen pueden satisfacer nuestras necesidades de forma mediata. Ahora los bienes que fueron necesarios para la producción de bienes de segundo orden como molinos, azadones, trigo y demás son denominados bienes de tercer y cuarto orden sucesivamente (orden superior), dependiendo como se entrelaza la relación descrita.

Estos bienes en su calidad de ser ordinales (primer, segundo, tercer y cuarto orden) se someten a las siguientes leyes:

     1)   La cualidad de bien de los bienes de orden superior está condicionada por el hecho de que debemos disponer también de sus bienes complementarios, es decir si disponemos de bienes de segundo orden, podríamos convertirlos en bienes de primer orden (si sabemos cómo) para la satisfacción de nuestras necesidades; no obstante, los bienes de segundo orden deben cumplir las cuatro condiciones descritas anteriormente, toda vez que en caso que no cumplan con alguna de las mismas, pierden su cualidad de bienes de segundo orden, por ejemplo si contamos con harina, huevos, sal, levadura y capacidad laboral para hacer el pan, pero si no tenemos fuego ni agua, éstos bienes de segundo orden perdieron su cualidad y mucho menos satisfacer nuestras necesidades, por ello recomienda que se debe prever el error de que a los bienes de orden superior se les atribuye la cualidad de bien en sí mismo, sin tener en cuenta la presencia de sus bienes complementarios.

       2)   La calidad de bien de los bienes de un orden superior está condicionada por la cualidad de los correspondientes bienes de orden inferior. La presencia de necesidades humanas es un presupuesto o condición esencial de la cualidad de bien y que en el caso que desaparezcan totalmente aquellas necesidades, sin que surjan en su lugar nuevas necesidades de dicho bien, éste pierde inmediatamente su cualidad de tal. Los bienes de primer orden pierden su cualidad de bienes en el momento mismo en que desaparecen las necesidades, pero que sucede con los bienes de segundo orden (superior) que servían para la producción de bienes de primer orden (inferior), cuando ya no existe esa necesidad. Para ello Menger recurre a un ejemplo con el hábito de fumar si éste desapareciera. Que pasaría con las plantaciones y semillas de tabaco, máquinas para su producción y personas especializadas en la producción de tabaco, así como infraestructura. Pues al desaparecer dicha necesidad, la cualidad de ser un bien de los cigarrillos, todo su valor esto desaparecería o por lo menos como tal, ya que las tierras y todo lo que pueda emplearse para la producción de otros bienes podrá ser aprovechado y/o adecuado.


Un elemento importante que incorpora Menger, es el reconocimiento del tiempo en la producción de los bienes, quien identifica la idea de causalidad inseparablemente unida a la del tiempo; todo proceso de cambio significa un devenir, un hacerse y esto solo sucede en el tiempo, estos procesos mediante los cuales los bienes de orden superior se transforman en bienes de orden inferior hasta alcanzar al final un estadio que llamamos satisfacción de las necesidades humanas.

Los espacios de tiempo que median entre cada una de las fases de este proceso pueden a veces ser muy cortos y de hecho los progresos de la técnica e intercambio comercial tienden a reducir todavía más dichos espacios, pero no se suprimen del todo, aunque varíe entre los distintos sectores como por ejemplo alguien que planta árboles para vender la madera y alguien que prepara comidas, los tiempos definitivamente pueden ser variables, pero nunca se eliminan totalmente, así también los bienes de orden superior, su producción no se fundamenta en la necesidad inmediata, sino en base a las expectativas humanas de necesidad que pudieran existir, siendo ésta una gran diferencia entre los bienes mediatos e inmediatos.

Así también quien dispone inmediatamente de unos bienes determinados, está seguro de su cantidad y calidad; sin embargo, quién dispone de bienes de forma mediata no puede determinar con certeza la cantidad y calidad de los bienes de orden inferior. Por ejemplo quien posee las espigas de grano tiene cierta seguridad y certeza sobre su cantidad y calidad, más no así quien posee una extensión de terreno, semillas, abono, herramientas agrícolas, fuerzas laborales, etc., en sí se enfrenta a la eventualidad que pueda obtener un rendimiento menor o mayor al esperado, además de incertidumbre respecto a la calidad del producto, todo esto sujeto a distintos factores de influencia incluidos los fenómenos naturales que escapan de nuestro control, siendo de gran ayuda los conocimientos técnicos adquiridos durante la evolución de la sociedad.

Finalmente, Menger hace referencia a Adam Smith y su aseveración de que la división del trabajo ha sido el punto crucial para el progreso de los humanos; si bien Menger no niega que este hecho haya colaborado en el progreso, no lo considera el más crucial, en razón que una tribu atrasada distribuye la división del trabajo en caza, pesca, agricultura, confección de vestimenta, etc. y la distribución de tareas es llevada a cabo por funcionarios especiales, pero cabrá preguntarse si éste efecto multiplicador por la división del trabajo sobre los medios tienen un mayor número de satisfacción sobre los individuos de la tribu. Evidentemente, se conseguirá mayor eficacia laboral con menor esfuerzo que antes obteniendo mejores rendimientos, pero esta mejora es diferente a la que se observa en economías desarrolladas. Si por el contrario un pueblo decide desbordar el ámbito de una actividad exclusivamente de ocupación, es decir acumulación de bienes de orden inferior (en razón que, en los estadios más rudos de la civilización, casi siempre se ocupan bienes de primer orden y muy pocos de segundo orden), para pasar a bienes de tercer y cuarto orden, satisfaciendo cada vez círculos de orden superior que hace que exista la división del trabajo.

Cuanto más avanzan las sociedades en esta dirección, más se diversifican las clases de bienes y, por consiguiente, más diversas son las funciones y más necesaria y al mismo tiempo más económica la creciente división del trabajo, siendo ésta resultante de una diversificación espontánea en la producción de bienes y no así producto de un orden impuesto por algunos.


miércoles, 11 de marzo de 2020

 El coronavirus (COVID19), pandemia mundial ¿Fatal para nuestros cuerpos y la economía?



Estas semanas se ha hablado bastante acerca del COVID19, o más popularmente conocido como coronavirus, por lo ocurrido no solamente en regiones como China, sino también por los temores que suponen a nuestra salud. Es así que los primeros casos detectados a finales de diciembre de 2019 en la ciudad de Wuhan en la provincia de Hubei del país asiático, ha puesto ciudades en cuarentena en enero de 2020 dentro el mismo territorio y a hoy (10/03/2020), un país en otras latitudes, Italia ha sido puesta en cuarentena por los alarmantes incrementos de contagios y las muertes que se ha registrado, panorama similar al observado en Corea del Sur e Irán.
Naturalmente, ciudades en cuarentena, cierre de fronteras y pánico por la virulenta enfermedad han afectado a sectores de la economía de manera directa la industria del turismo y el transporte, sin detenerse únicamente en estos sectores, sino que afecto naturalmente a otros sectores como tecnología, manufacturas, entretenimiento y automotriz entre muchos otros proyectos de inversión que no se llevaron a cabo y otros que se encuentran en suspensión temporal, teniendo efectos evidentemente no contemplados al momento de su concepción; en consecuencia, se observó en estas semanas tendencias a la baja (desplome) de índices bursátiles como el Industrial Dow Jones, el S&P500, Nasdaq, Nikkei, IBEX 35, DAX, SSE, mostrando la peor faceta el lunes 09 de marzo de 2020 y recuperación al día siguiente.

Entonces tenemos un panorama negativo sucesivo: primero, disminución de la actividad económica a causa de la cuarentena (suspensión de actividades parcial o total en fábricas, institutos, lugares turísticos, etc.) y cierre de fronteras que dificultan el ya afectado nivel de comercio, segundo, menor nivel de actividad en las empresas que están produciendo menos o tienen restricciones para comerciar normalmente sus bienes y servicios ofrecidos, tercero, a raíz de esta ralentización de la economía, menor demanda de energía por lo cual el referente mundial, barril de petróleo (WTI y menor medida Brent) disminuyó su precio, siendo cada vez más difícil comerciar por parte de los productores de petróleo su producto, lo cual trajo tensiones al interior del oligopolio de países productores de petróleo y ante la negativa de Rusia de disminuir su producción, Arabia Saudita no se iba a quedar a ver como perdía cuota de mercado por lo cual incrementó la comercialización de su petróleo, resultando en una caída del precio del barril de WTI de hasta 30 dólares.

Dejando de lado nuestra preocupación por nuestra salud (no menor), un aspecto que realmente debe preocuparnos en el tema económico, es que si este período de pánico y preocupación con expectativas negativas va a generar una crisis económica como la de 1929 o de 2008. Mi respuesta es que no; a menos que se maneje un escenario propio de una película hollywoodense, donde gran parte de la humanidad desaparezca a consecuencia de la virulencia y mortalidad del COVID19, haciéndose inviable la civilización y por ende las relaciones de producción y comercio como las conocemos.

Algo que considero se debe entender, es que una crisis tiene raíces o motivos mucho más profundos, por tanto, difíciles de solucionar, desde el punto de vista de asumir la responsabilidad para financiar las pérdidas o finalmente decidir sobre quién(es) deberán soportar las pérdidas. En este caso, antes de la aparición y expansión del virus, la economía se encontraba operando en niveles “de equilibrio”, dónde si existía algún problema que yo identificaré como condiciones de auge con señales equivocadas como una baja tasa de interés que alienta a invertir, por tanto, especulativas en virtud a señales equivocadas que eran asumidas como buenas. En este punto considero que es importante diferenciar la explicación que nos ofrece la visión keynesiana de crisis, con todos sus matices, que básicamente nos dice que las mismas se generan por un optimismo sesgado, explicado por sus “animal spirits” en los inversores, por lo cual no existen fundamentos económicos por parte del público al hacer inversiones, lo que lleva a que éstas sean equivocadas, desembocando en crisis. Hoy pareciera existir un pesimismo, pero básicamente con el mismo fundamento: los espíritus animales que hace que el público tome decisiones no basadas en criterios económicos y por ello se produce la hecatombe; no obstante, considero que los agentes aprenderán de forma mucho más rápida, al darse cuenta que este tema será coyuntural (salvo el escenario apocalíptico) y que la economía debería seguir operando como hasta antes que se inicie tal asunto; es más, me preocupa las recomendaciones de expertos que no han esperado para pedir ayuda del gobierno a través de la política fiscal, ni si quiera política monetaria, donde sabemos que ocurre con el gasto del gobierno y los problemas que produce, al igual que modificar las expectativas de forma “artificial”, siendo tarde cuando no demos cuenta que las cosas no eran como las pintaban con el incentivo gubernamental, desembocando o agravando aún más los problemas que ya nos está causando la enfermedad respecto a la economía; como quién diría, el remedio resultará peor que la enfermedad.

martes, 18 de febrero de 2020

¿Valorar el trabajo de un ser humano?



Hablar sobre valuar a un ser humano es un tema muy controversial y no faltan argumentos que considero válidos para exaltarse cuándo se trata un tema tan delicado con carga moral, ideológica y porque no, hasta religiosa. Por esos motivos los economistas solo deberíamos inmiscuirnos en aspectos relacionados al valor que aporta un ser humano en un determinado sistema, ya sea para la producción de bienes o servicios.

En este sentido, la remuneración a los factores productivos, para este caso el personal (mano de obra), fue calculado antes, concretamente al momento de elaborar y evaluarse el proyecto o empresa, estimando en el flujo financiero el futuro de los costos y gastos por realizarse en sueldos y salarios, cumpliendo las normas laborales del país, además de considerar el nivel de remuneraciones en el mercado laboral entre otros factores. En efecto, al realizar este trabajo, se debe considerar mínimamente el pago que se debe realizar al personal por el aporte en la cadena de valor al interior de cada proceso; por aporte me refiero por un lado a los conocimientos técnicos, experiencia, capacidad de trabajo y resolución de problemas, entre otros, lo que en general llamamos aptitudes, pero también existen ciertas cualidades que hace tiempo ya fueron incorporadas en ciertas partes del mundo desarrollado, entre estas cualidades se encuentran la persona como tal, vale decir su capacidad de trabajo en equipo, responsabilidad, intereses, personalidad, organización, temperamento, incluso ética, en general lo que se conoce como actitud.

Ahora, normalmente sucede que, el aspecto laboral y la estabilidad del mismo se lo concibe desde una visión de la oferta laboral, esto es los trabajadores, sindicatos, ejecutivos, etcétera, pues nuestro demandante de fuerza laboral (nuestro cliente), debe proporcionarnos un sueldo justo y no ser fácilmente reemplazables porque debe respetar nuestros contratos, después de todo, cualquiera de nosotros es reemplazable y si no quieres hacer tu trabajo hay como cien personas detrás de ti por ese escritorio y haría el mismo trabajo por la mitad de tu sueldo ¿verdad?.

Pues si bien llega a ocurrir en la vida real, no debería ser de esa manera ya que las empresas serias, saben cuidar de sus recursos humanos, es más los incentivan a que se capaciten constantemente y llegan a ascenderlos o llegan a recibir algún que otro tipo de recompensa, conocen el trabajo que realizan y aprecian la calidad del mismo, esto es lo que diferencia una forma de pensar y otra; por un lado, el tirano anticuado pensará que el pobre infeliz que trabaja para ellos les debe poco más que la vida y puede darse el lujo de reemplazar cuanto personal desee, piensa que el trabajo puede hacerlo cualquier otro (cree que todos somos iguales, todo un socialista), éste ignora el costo de las curvas de aprendizaje, experiencia y elementos que anteriormente se señalaron bajo el nombre de actitud, con elementos del personal acorde a la filosofía de la empresa y en vista que prefiere ignorar estos aspectos, aprenderá a pagarlos de la manera más dura, a través de pérdidas que si son sucesivas comprometerá la situación de la empresa. Esa forma de pensar lleva a concebir a las personas como peones (¡epa! otra forma de pensar socialista, estamos inspirados).

Desde la otra acera, tenemos organizaciones mucho más sólidas, que valoran tanto el trabajo desempeñado por sus empleados como sus cualidades personales (saben que no todos son iguales y es más han construido su empresa en base a una filosofía empresarial), saben que el acervo de capital humano tiene valor (ideas, habilidades, comportamiento, responsabilidad y otros) en todas sus líneas y en especial la mano de obra calificada (aquí están conscientes de que no todas son piezas iguales), por ello se dedican a invertir en su personal, porque saben que obtendrán un rendimiento, no porque simplemente quieran demostrar que son el mejor personal con los mejores títulos y las mejores sonrisas; aceptémoslo, si bien estas cualidades son importantes y mejora la imagen de la empresa, es más importante el rédito que se obtiene por tener en tu empresa gente con las características mencionadas (capacitada en muchos niveles), porque contribuyen a que seas rentable, observemos pues casos como Google, Facebook, Toyota, Samsung por mencionar algunos casos de empresas que sí resuenan en nuestra mente y van a estar con nosotros por un buen tiempo, a diferencia de otras empresas mediocres.

lunes, 17 de febrero de 2020

Salarios y desempleo (explicación de Ludwing Von Mises)



La economía de mercado o capitalismo es la supremacía de los consumidores, el cliente en último término es el soberano (siempre tiene la razón); los productores (empresarios) deben proporcionar bienes y servicios que los consumidores puedan y estén dispuestos a pagar.
Un negocio ha fracasado cuando los resultados de las ventas no reponen al empresario lo que él ha gastado para producir el artículo; de esta forma los consumidores tienen poder para determinar entre otros costos, los salarios de los trabajadores.
Un patrón no puede pagar demás a un empleado que el valor de su trabajo (como valora el empresario el salario que en última instancia dictara el comprador), si pagara un salario mayor, no recobraría (o al menos debería reconsiderar sus costos) gastos, sufriría pérdidas e iría a la bancarrota, por lo cual el pago de los salarios recae sobre los consumidores. Ahora como la mayor parte de los bienes producidos son comprados por quienes reciben jornales y salarios, éstos al gastar su dinero son los jornaleros y empleados los principales factores que determinan el monto de la compensación.
Los clientes no pagan la fatiga y el trabajo realizado por el trabajador, mucho menos el tiempo empleado en el trabajo; los clientes pagan los productos, de esta forma mientras mejores herramientas empleadas en el proceso productivo, mientras mayores sean los productos de su trabajo en una hora, mayor será la remuneración.
Tomemos por ejemplo el caso de los Estados Unidos, los salarios son relativamente más altos que en otros países, esto porque el capital invertido per cápita es mayor, por tanto, en las fábricas de este país se pueden utilizar mayor cantidad de herramientas y máquinas lo que hace que su trabajo sea más productivo, esto ha sido llamado como el “estilo de vida americano” y esto es resultado de que en EEUU se tuvieron menores cantidades de obstáculos al ahorro y a la acumulación de capital en comparación a otros lugares del planeta.
Comparativamente, en un país como la India en aquel tiempo, las políticas asumidas en ese país impedían tanto la acumulación de capital doméstico, como la inversión de capitales extranjeros (esto se puede comparar fácilmente en la actualidad con un país como Haití), por tanto, las empresas en la India no podían adquirir equipos modernos necesarios, por lo cual la productividad por hora por trabajador era mucho menor, por lo cual los salarios son mucho más bajos.
Para el autor sólo existe una manera de mejorar el estándar de vida de las personas que perciben salarios y éste es a través del aumento de la cantidad de capital invertido, cualquier otro método por popular que sea no son útiles y solo derivan en detrimento de bienestar de a quienes se pretendía colaborar inicialmente.
La opinión pública por otra parte, ha hecho creencia que el mejoramiento de las condiciones de los asalariados es una conquista de los sindicatos que se plasma en normas legislativas (número de horas de trabajo, trabajo infantil, etc.). Esta creencia ha hecho responsable al sindicalismo de marcar la tendencia de las normas laborales, lo cual ha hecho permisiva a la sociedad frente a la violencia (intimidación) con la que puedan actuar ciertos grupos o la disminución de libertades de no poder trabajar con contratos que se encuentren fuera del sindicato y mientras estas concepciones se encuentren en la mente de los votantes, no se puede esperar alejamiento alguno de las medidas erróneamente consideradas como progresistas.
No obstante, las llamadas conquistas laborales se alejan de la realidad, pues el nivel de salarios al que todos estén dispuestos a trabajar, deriva de la productividad marginal del trabajo. Cuánto más capital invertido (manteniendo todo lo demás constante), más altos serán los salarios, sin necesidad de manipulaciones de sindicatos ni gobiernos; pues a un determinado nivel salarial todos quienes quieran trabajar podrán conseguir un trabajo (esto no quiere decir que se obtenga en todo lado un salario que permita subsistir), por lo cual un mercado laboral libre prevalecerá una tendencia hacia el pleno empleo de forma sostenible y razonable. Contrariamente, si por presión sindical o por decreto gubernamental se sitúa el nivel de salarios por encima de su nivel natural, se desarrolla un desempleo duradero, porque se desplaza del mercado laboral una parte importante de la fuerza laboral potencial.