El coronavirus (COVID19), pandemia mundial ¿Fatal para nuestros cuerpos y la economía?
Estas semanas se ha hablado bastante acerca del COVID19, o
más popularmente conocido como coronavirus, por lo ocurrido no solamente en
regiones como China, sino también por los temores que suponen a nuestra salud.
Es así que los primeros casos detectados a finales de diciembre de 2019 en la
ciudad de Wuhan en la provincia de Hubei del país asiático, ha puesto ciudades
en cuarentena en enero de 2020 dentro el mismo territorio y a hoy (10/03/2020),
un país en otras latitudes, Italia ha sido puesta en cuarentena por los
alarmantes incrementos de contagios y las muertes que se ha registrado,
panorama similar al observado en Corea del Sur e Irán.
Naturalmente, ciudades en cuarentena, cierre de fronteras y
pánico por la virulenta enfermedad han afectado a sectores de la economía de
manera directa la industria del turismo y el transporte, sin detenerse
únicamente en estos sectores, sino que afecto naturalmente a otros sectores
como tecnología, manufacturas, entretenimiento y automotriz entre muchos otros
proyectos de inversión que no se llevaron a cabo y otros que se encuentran en
suspensión temporal, teniendo efectos evidentemente no contemplados al momento
de su concepción; en consecuencia, se observó en estas semanas tendencias a la
baja (desplome) de índices bursátiles como el Industrial Dow Jones, el
S&P500, Nasdaq, Nikkei, IBEX 35, DAX, SSE, mostrando la peor faceta el
lunes 09 de marzo de 2020 y recuperación al día siguiente.
Entonces tenemos un panorama negativo sucesivo: primero,
disminución de la actividad económica a causa de la cuarentena (suspensión de
actividades parcial o total en fábricas, institutos, lugares turísticos, etc.)
y cierre de fronteras que dificultan el ya afectado nivel de comercio, segundo,
menor nivel de actividad en las empresas que están produciendo menos o tienen
restricciones para comerciar normalmente sus bienes y servicios ofrecidos,
tercero, a raíz de esta ralentización de la economía, menor demanda de energía
por lo cual el referente mundial, barril de petróleo (WTI y menor medida Brent)
disminuyó su precio, siendo cada vez más difícil comerciar por parte de los
productores de petróleo su producto, lo cual trajo tensiones al interior del
oligopolio de países productores de petróleo y ante la negativa de Rusia de
disminuir su producción, Arabia Saudita no se iba a quedar a ver como perdía
cuota de mercado por lo cual incrementó la comercialización de su petróleo,
resultando en una caída del precio del barril de WTI de hasta 30 dólares.
Dejando de lado nuestra preocupación por nuestra salud (no
menor), un aspecto que realmente debe preocuparnos en el tema económico, es que
si este período de pánico y preocupación con expectativas negativas va a
generar una crisis económica como la de 1929 o de 2008. Mi respuesta es que no;
a menos que se maneje un escenario propio de una película hollywoodense, donde
gran parte de la humanidad desaparezca a consecuencia de la virulencia y
mortalidad del COVID19, haciéndose inviable la civilización y por ende las
relaciones de producción y comercio como las conocemos.
Algo que considero se debe entender, es que una crisis tiene
raíces o motivos mucho más profundos, por tanto, difíciles de solucionar, desde
el punto de vista de asumir la responsabilidad para financiar las pérdidas o
finalmente decidir sobre quién(es) deberán soportar las pérdidas. En este caso,
antes de la aparición y expansión del virus, la economía se encontraba operando
en niveles “de equilibrio”, dónde si existía algún problema que yo identificaré
como condiciones de auge con señales equivocadas como una baja tasa de interés
que alienta a invertir, por tanto, especulativas en virtud a señales
equivocadas que eran asumidas como buenas. En este punto considero que es importante
diferenciar la explicación que nos ofrece la visión keynesiana de crisis, con todos
sus matices, que básicamente nos dice que las mismas se generan por un
optimismo sesgado, explicado por sus “animal spirits” en los inversores, por lo
cual no existen fundamentos económicos por parte del público al hacer
inversiones, lo que lleva a que éstas sean equivocadas, desembocando en crisis.
Hoy pareciera existir un pesimismo, pero básicamente con el mismo fundamento:
los espíritus animales que hace que el público tome decisiones no basadas en
criterios económicos y por ello se produce la hecatombe; no obstante, considero
que los agentes aprenderán de forma mucho más rápida, al darse cuenta que este
tema será coyuntural (salvo el escenario apocalíptico) y que la economía
debería seguir operando como hasta antes que se inicie tal asunto; es más, me
preocupa las recomendaciones de expertos que no han esperado para pedir ayuda
del gobierno a través de la política fiscal, ni si quiera política monetaria, donde
sabemos que ocurre con el gasto del gobierno y los problemas que produce, al
igual que modificar las expectativas de forma “artificial”, siendo tarde cuando
no demos cuenta que las cosas no eran como las pintaban con el incentivo
gubernamental, desembocando o agravando aún más los problemas que ya nos está
causando la enfermedad respecto a la economía; como quién diría, el remedio
resultará peor que la enfermedad.

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