miércoles, 11 de marzo de 2020

 El coronavirus (COVID19), pandemia mundial ¿Fatal para nuestros cuerpos y la economía?



Estas semanas se ha hablado bastante acerca del COVID19, o más popularmente conocido como coronavirus, por lo ocurrido no solamente en regiones como China, sino también por los temores que suponen a nuestra salud. Es así que los primeros casos detectados a finales de diciembre de 2019 en la ciudad de Wuhan en la provincia de Hubei del país asiático, ha puesto ciudades en cuarentena en enero de 2020 dentro el mismo territorio y a hoy (10/03/2020), un país en otras latitudes, Italia ha sido puesta en cuarentena por los alarmantes incrementos de contagios y las muertes que se ha registrado, panorama similar al observado en Corea del Sur e Irán.
Naturalmente, ciudades en cuarentena, cierre de fronteras y pánico por la virulenta enfermedad han afectado a sectores de la economía de manera directa la industria del turismo y el transporte, sin detenerse únicamente en estos sectores, sino que afecto naturalmente a otros sectores como tecnología, manufacturas, entretenimiento y automotriz entre muchos otros proyectos de inversión que no se llevaron a cabo y otros que se encuentran en suspensión temporal, teniendo efectos evidentemente no contemplados al momento de su concepción; en consecuencia, se observó en estas semanas tendencias a la baja (desplome) de índices bursátiles como el Industrial Dow Jones, el S&P500, Nasdaq, Nikkei, IBEX 35, DAX, SSE, mostrando la peor faceta el lunes 09 de marzo de 2020 y recuperación al día siguiente.

Entonces tenemos un panorama negativo sucesivo: primero, disminución de la actividad económica a causa de la cuarentena (suspensión de actividades parcial o total en fábricas, institutos, lugares turísticos, etc.) y cierre de fronteras que dificultan el ya afectado nivel de comercio, segundo, menor nivel de actividad en las empresas que están produciendo menos o tienen restricciones para comerciar normalmente sus bienes y servicios ofrecidos, tercero, a raíz de esta ralentización de la economía, menor demanda de energía por lo cual el referente mundial, barril de petróleo (WTI y menor medida Brent) disminuyó su precio, siendo cada vez más difícil comerciar por parte de los productores de petróleo su producto, lo cual trajo tensiones al interior del oligopolio de países productores de petróleo y ante la negativa de Rusia de disminuir su producción, Arabia Saudita no se iba a quedar a ver como perdía cuota de mercado por lo cual incrementó la comercialización de su petróleo, resultando en una caída del precio del barril de WTI de hasta 30 dólares.

Dejando de lado nuestra preocupación por nuestra salud (no menor), un aspecto que realmente debe preocuparnos en el tema económico, es que si este período de pánico y preocupación con expectativas negativas va a generar una crisis económica como la de 1929 o de 2008. Mi respuesta es que no; a menos que se maneje un escenario propio de una película hollywoodense, donde gran parte de la humanidad desaparezca a consecuencia de la virulencia y mortalidad del COVID19, haciéndose inviable la civilización y por ende las relaciones de producción y comercio como las conocemos.

Algo que considero se debe entender, es que una crisis tiene raíces o motivos mucho más profundos, por tanto, difíciles de solucionar, desde el punto de vista de asumir la responsabilidad para financiar las pérdidas o finalmente decidir sobre quién(es) deberán soportar las pérdidas. En este caso, antes de la aparición y expansión del virus, la economía se encontraba operando en niveles “de equilibrio”, dónde si existía algún problema que yo identificaré como condiciones de auge con señales equivocadas como una baja tasa de interés que alienta a invertir, por tanto, especulativas en virtud a señales equivocadas que eran asumidas como buenas. En este punto considero que es importante diferenciar la explicación que nos ofrece la visión keynesiana de crisis, con todos sus matices, que básicamente nos dice que las mismas se generan por un optimismo sesgado, explicado por sus “animal spirits” en los inversores, por lo cual no existen fundamentos económicos por parte del público al hacer inversiones, lo que lleva a que éstas sean equivocadas, desembocando en crisis. Hoy pareciera existir un pesimismo, pero básicamente con el mismo fundamento: los espíritus animales que hace que el público tome decisiones no basadas en criterios económicos y por ello se produce la hecatombe; no obstante, considero que los agentes aprenderán de forma mucho más rápida, al darse cuenta que este tema será coyuntural (salvo el escenario apocalíptico) y que la economía debería seguir operando como hasta antes que se inicie tal asunto; es más, me preocupa las recomendaciones de expertos que no han esperado para pedir ayuda del gobierno a través de la política fiscal, ni si quiera política monetaria, donde sabemos que ocurre con el gasto del gobierno y los problemas que produce, al igual que modificar las expectativas de forma “artificial”, siendo tarde cuando no demos cuenta que las cosas no eran como las pintaban con el incentivo gubernamental, desembocando o agravando aún más los problemas que ya nos está causando la enfermedad respecto a la economía; como quién diría, el remedio resultará peor que la enfermedad.

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