Normalmente pensamos que el precio de un
bien expresa el valor del mismo, incluso pudiendo deducir que se puede dar más
valor a un bien a través de la “industrialización” de las materias primas,
dotando al bien de un “valor agregado”; así pues parece perfectamente explicable
que un kilo de clavos cuesta mucho más que un kilo de hierro y esto se explica
porque los clavos conllevan una mayor cantidad de costos como ser: mayor
trabajo por parte de la mano de obra, gastos administrativos, mayor inversión
en factorías, máquinas, herramientas, conocimientos técnicos (ingeniería) tanto
para las mezclas del hierro con otros insumos, así como su preparación bajo
condiciones físicas (temperatura) y tantos otros costos en que se incurre para
la fabricación de los mismos.
La estructura anteriormente descrita parece
ser bastante conveniente para países pobres, como ser el caso latinoamericano,
pues desde colegio nos enseñan usualmente que la historia trágica de nuestra
desgracia es porque desde tiempos de la colonia, Sudamérica ha sido el almacén
de materias primas para los imperios y reinos; y actualmente servimos a los
imperios empresariales (“transnacionales”). Entonces, la fórmula es
relativamente fácil, los países pobres deben invertir en añadir “valor
agregado” a sus materias primas, porque así se pasaría de importar todo tipo de
bienes a exportarlos, así pues el país acumula mayor riqueza y se crean
empleos, pero que tal si el sector privado no quiere o no cree en el país y no
“desea” invertir para añadir el tan buscado “valor agregado”, pues el gobierno
debe hacer las gestiones correspondientes ¿verdad?.
Pues con sus diferentes matices, esta ha
sido la escuela en la región sudamericana, el valor de la cosas (bienes) se
halla en el trabajo que pueda agregársele, en sí ésta es la única forma de
crear valor y dar valor a los bienes, es más, ahí justamente, en el proceso
productivo se encuentra la plusvalía que describía Karl Marx hace más de un
siglo; básicamente el plusvalor de una mercancía es una parte que no se paga
(reconoce) al trabajador, porque solamente el trabajador produce valor, los
proletarios son engañados por el empresario al no pagar ese plusvalor, por lo
cual se insta a expropiar la propiedad privada a nivel mundial, a través de la
unión de todos los trabajadores.
Ahora, para Marx el valor de un bien es
objetivo (porque existe un trabajo incorporado en la producción de bienes,
existen costos concretos que se incorporaron al bien), como habíamos dicho
consiste solamente en el trabajo que se dedica para producir dicho bien, porque
las máquinas, herramientas y demás (medios de producción) no puede crear valor ni
se le puede extraer plusvalor, porque el mismo ya fue realizado y apropiado por
otro empresario en el proceso productivo anterior, es decir en el período en
que fueron producidos dichos medios de producción. A este trabajo Marx lo
relacionó con un concepto denominado por él como Tiempo de Trabajo Socialmente
Necesario, que es básicamente el tiempo que lleva la producción de mercancías
(bienes).
Volviendo a nuestro ejemplo de los clavos,
que sucede si los clavos van siendo cada vez menos necesarios porque se
encontró una forma más eficiente de ensamblar las cosas (de hecho ya sucede
hace tiempo con muebles hechos en Japón); los clavos pasaron de tener una
valoración en el mercado por el cual se pagaba un precio que hacía que hacía
que personas inviertan en la producción de los mismos a valer prácticamente
nada, a donde se fueron todos costos concretos en que se incurrieron, hubieron
egresos por compra de insumos, las máquinas se depreciaron, se consumieron
combustibles, pago de alquileres, los esfuerzos y el trabajo de tantas personas
prácticamente cayó en “saco roto” como se diría coloquialmente y debe ser
pagado a través de la cancelación de sueldos y salarios. El precio ya no cubre
ni si quiera los costos, mucho menos hay ganancia; todo esto es objetivo y
demostrable, que se ha trabajado y se produjeron los mismos clavos con la
calidad de siempre, pero algo sucede, pareciera no tener valor. Marx aceptó que
ésta situación es posible en el mercado, en el que no siempre coincide el
precio de un bien con el valor del mismo ¿Es esto posible? Pues si observamos
la realidad, fácilmente podemos percatarnos que existen por un lado procesos
dinámicos vinculados a la innovación (obsolescencia) , como por ejemplo, los
medianamente jóvenes tal vez recuerden cuan valorado era por ejemplo una línea
telefónica allá en los 80´s y 90´s y quizá era mucho más en tiempos anteriores
a éstas décadas, pero en la actualidad cuanto VALORA la sociedad dichas líneas
telefónicas desde su expulsión y casi olvido por las líneas de teléfono celular
y ahora smartphones que ha hecho de las llamadas telefónicas algo prácticamente
del pasado y por otro lado tenemos a los procesos dinámicos del mercado, donde
algo no ha caído en la obsolescencia, su reemplazo más eficiente o menos
costoso aún no existe (como el caso del petróleo), pero ha caído a niveles
insospechados a valores negativos, cuesta más mantenerlo en almacenes que
tenerlo. Una vez más en éstas dos situaciones (obsolescencia y movimiento de
mercado) el valor se fue a quien sabe dónde.
Otro ejemplo que escuché hace tiempo es
sobre la producción de un auto: supongamos que somos vecinos y un día decido
construir autos, para ello en mi garaje comienzo a hacer desde el acero, el
motor, la tracción, ¡LOS FRENOS!, sistema eléctrico y demás; mis costos son de
20 mil dólares (solo es un auto estándar) y todo está facturado y digamos que
por mi trabajo (tiempo y conocimiento aplicado) quiero pagarme 400 dólares al
mes porque es un trabajo duro que también requiere capacitación y
conocimientos. Entonces gracias a mi gran habilidad mecánica al cabo de 2 años
finalmente concluyó el trabajo y el coche producido por mí mismo marca “patito”
lo pongo a la venta en 29.600 dólares que son los costos incurridos más los dos
años de sueldo. Ahora usted estimado vecino necesita o quiere y puede comprar
un auto y le ofrezco el que produje y a ese precio, usted naturalmente
averiguará otras marcas con características similares y encuentra que las
empresas Suzuki y Toyota tienen carros de similares características, pero a un
precio de digamos 16 mil dólares ¿Cuál será su elección? Y si me vuelvo más
eficiente en costos y le ofrezco mi auto marca “patito” en 16 mil dólares también,
ahora si comprará mi auto con toda seguridad ¿verdad? Y que dirá el resto del
vecindario, se interesará también en el coche marca “patito”, ¿A dónde fue el
valor y el trabajo empleado que todos en el vecindario vieron que puse en dicho
auto junto a facturas de todos los materiales empleados? Después de todo este
bien es escaso, hay otros con características similares, pero solo hay un único
auto “patito” en el mundo, pero ni el trabajo ni la escasez han podido ser
suficientes para que se reconozca el valor de este auto.
Entonces si la VALORACIÓN de un bien no es
objetivo, o sea no se explica por los costos y el trabajo que ha sido invertido
en él (Tiempo de Trabajo Socialmente Necesario, como diría Marx), y
lamentablemente no garantiza que este valor se pueda expresar mediante un
precio.
Entonces ¡¿Qué car*©ϕ@ explica el valor de un bien?!
Afortunadamente, existió un autor austriaco
llamado Carl Menger que explicó esta cuestión en su libro Principios de
Economía Política sobre la esencia de los bienes, quien explicó que todas las
cosas se hallan sujetas a la ley de causa y efecto y el progreso humano cae
dentro de esta ley. Así también nosotros como individuos no escapamos de esta
ley y pasamos normalmente de un estadio de insatisfacción al de
necesidad satisfecha, eliminando de esta manera nuestro estadio perturbado
anterior.
Ahora las cosas que tienen la virtud de
poder entrar en relación causal con la satisfacción de las necesidades humanas,
las llama cosas útiles, y si reconocemos esta conexión causal entre estas cosas
y al mismo tiempo tenemos el poder de emplear las cosas que estamos hablando en
la satisfacción de nuestras necesidades, por lo cual se les llama bienes.
Para que una cosa se convierta en un bien,
debe confluir cuatro condiciones:
1. Una necesidad humana
2. La cosa debe tener cualidades
que haga que la misma tenga la capacidad de mantener una relación conexión causal con la satisfacción de dicha necesidad.
3. El individuo debe conocer la
relación causal.
4. Poder de disposición de la
cosa.
Con estas cuatro condiciones un objeto
puede convertirse en un bien y si falta solamente una de estas condiciones ya
no puede alcanzar esta categoría de bien. Este escenario se puede dar primero
cuando una modificación en el ámbito de las necesidades humanas (ya no existe
una necesidad que aquella cosa pueda satisfacer), segundo una modificación en
las propiedades de la cosa que hace que pierda la virtud de entrar en conexión
causal con la satisfacción de necesidades humanas, tercero cuando se desconoce
de la conexión causal de la misma con la satisfacción de necesidades humanas y
finalmente cuarto cuando el individuo no posee capacidad de disposición sobre
ese objeto de modo que no puede emplearlo para la satisfacción inmediata de sus
necesidades o no dispone de los medios necesarios para ponerla bajo su dominio.
Una puntualización necesaria de una
categoría que Menger menciona es una relación peculiar entre una satisfacción
de necesidades humanas y son consideradas como bienes, esto se da cuando se
atribuye erróneamente a las cosas propiedades y causalidades que en realidad no
existen o donde se presuponen necesidades humanas que en realidad no existen,
para lo cual incluye en esta categoría a edificios innecesarios, amuletos,
medicinas de culturas poco desarrolladas, pócimas, estatuas y todos de éste
tipo menciona que son objetos que derivan su cualidad de bien por
características (propiedades) imaginadas o unas necesidades humanas imaginadas,
calificándolo como bienes imaginarios, es más el autor es muy duro al mencionar
que los pueblos que son más pobres en bienes verdaderos, suelen ser ricos en
bienes imaginarios.
Continuando con el valor de los bienes,
Menger dice que es muy importante que la ciencia económica se ocupe que se
tengan claras nuestras ideas sobre conexiones causales y necesidades porque nuestro
bienestar depende de la satisfacción inmediata de nuestras necesidades, por
ejemplo cita al caso del pan que sacia nuestra hambre y calma nuestra necesidad
de alimentos; en este caso la conexión causal entre el pan y nuestra
satisfacción inmediata de nuestra necesidad, pero en este caso estamos hablando
de bienes que son denominados como “bienes de primer orden” o inferiores. Así
también, en los mercados encontramos otro tipo de bienes como harina, hornos y
otros enseres necesarios para la producción de pan pero no implican la satisfacción
inmediata de nuestra necesidad, pero no por ello carecen de valor, es más
satisfacen nuestras necesidades de forma mediata, o sea sirven para la
producción de bienes de primer orden, por lo cual el autor a estos insumos y
bienes necesarios para la producción les llama bienes de segundo orden, que
tienen pueden satisfacer nuestras necesidades de forma mediata. Ahora los
bienes que fueron necesarios para la producción de bienes de segundo orden como
molinos, azadones, trigo y demás son denominados bienes de tercer y cuarto
orden sucesivamente (orden superior), dependiendo como se entrelaza la relación
descrita.
Estos bienes en su calidad de ser ordinales
(primer, segundo, tercer y cuarto orden) se someten a las siguientes leyes:
1) La cualidad de bien de los
bienes de orden superior está condicionada por el hecho de que debemos disponer
también de sus bienes complementarios, es decir si disponemos de bienes de
segundo orden, podríamos convertirlos en bienes de primer orden (si sabemos
cómo) para la satisfacción de nuestras necesidades; no obstante, los bienes de
segundo orden deben cumplir las cuatro condiciones descritas anteriormente,
toda vez que en caso que no cumplan con alguna de las mismas, pierden su
cualidad de bienes de segundo orden, por ejemplo si contamos con harina,
huevos, sal, levadura y capacidad laboral para hacer el pan, pero si no tenemos
fuego ni agua, éstos bienes de segundo orden perdieron su cualidad y mucho
menos satisfacer nuestras necesidades, por ello recomienda que se debe prever
el error de que a los bienes de orden superior se les atribuye la cualidad de
bien en sí mismo, sin tener en cuenta la presencia de sus bienes
complementarios.
2) La calidad de bien de los bienes de un orden superior está condicionada por la cualidad de los correspondientes bienes de orden inferior. La presencia de necesidades humanas es un presupuesto o condición esencial de la cualidad de bien y que en el caso que desaparezcan totalmente aquellas necesidades, sin que surjan en su lugar nuevas necesidades de dicho bien, éste pierde inmediatamente su cualidad de tal. Los bienes de primer orden pierden su cualidad de bienes en el momento mismo en que desaparecen las necesidades, pero que sucede con los bienes de segundo orden (superior) que servían para la producción de bienes de primer orden (inferior), cuando ya no existe esa necesidad. Para ello Menger recurre a un ejemplo con el hábito de fumar si éste desapareciera. Que pasaría con las plantaciones y semillas de tabaco, máquinas para su producción y personas especializadas en la producción de tabaco, así como infraestructura. Pues al desaparecer dicha necesidad, la cualidad de ser un bien de los cigarrillos, todo su valor esto desaparecería o por lo menos como tal, ya que las tierras y todo lo que pueda emplearse para la producción de otros bienes podrá ser aprovechado y/o adecuado.
Un elemento importante que
incorpora Menger, es el reconocimiento del tiempo en la producción de los
bienes, quien identifica la idea de causalidad inseparablemente unida a la del
tiempo; todo proceso de cambio significa un devenir, un hacerse y esto solo
sucede en el tiempo, estos procesos mediante los cuales los bienes de orden
superior se transforman en bienes de orden inferior hasta alcanzar al final un
estadio que llamamos satisfacción de las necesidades humanas.
Los espacios de tiempo que
median entre cada una de las fases de este proceso pueden a veces ser muy
cortos y de hecho los progresos de la técnica e intercambio comercial tienden a
reducir todavía más dichos espacios, pero no se suprimen del todo, aunque varíe
entre los distintos sectores como por ejemplo alguien que planta árboles para
vender la madera y alguien que prepara comidas, los tiempos definitivamente
pueden ser variables, pero nunca se eliminan totalmente, así también los bienes
de orden superior, su producción no se fundamenta en la necesidad inmediata,
sino en base a las expectativas humanas de necesidad que pudieran existir,
siendo ésta una gran diferencia entre los bienes mediatos e inmediatos.
Así también quien dispone
inmediatamente de unos bienes determinados, está seguro de su cantidad y
calidad; sin embargo, quién dispone de bienes de forma mediata no puede
determinar con certeza la cantidad y calidad de los bienes de orden inferior.
Por ejemplo quien posee las espigas de grano tiene cierta seguridad y certeza
sobre su cantidad y calidad, más no así quien posee una extensión de terreno,
semillas, abono, herramientas agrícolas, fuerzas laborales, etc., en sí se
enfrenta a la eventualidad que pueda obtener un rendimiento menor o mayor al
esperado, además de incertidumbre respecto a la calidad del producto, todo esto
sujeto a distintos factores de influencia incluidos los fenómenos naturales que
escapan de nuestro control, siendo de gran ayuda los conocimientos técnicos
adquiridos durante la evolución de la sociedad.
Finalmente, Menger hace
referencia a Adam Smith y su aseveración de que la división del trabajo ha sido
el punto crucial para el progreso de los humanos; si bien Menger no niega que
este hecho haya colaborado en el progreso, no lo considera el más crucial, en
razón que una tribu atrasada distribuye la división del trabajo en caza, pesca,
agricultura, confección de vestimenta, etc. y la distribución de tareas es
llevada a cabo por funcionarios especiales, pero cabrá preguntarse si éste
efecto multiplicador por la división del trabajo sobre los medios tienen un
mayor número de satisfacción sobre los individuos de la tribu. Evidentemente,
se conseguirá mayor eficacia laboral con menor esfuerzo que antes obteniendo
mejores rendimientos, pero esta mejora es diferente a la que se observa en
economías desarrolladas. Si por el contrario un pueblo decide desbordar el
ámbito de una actividad exclusivamente de ocupación, es decir acumulación de
bienes de orden inferior (en razón que, en los estadios más rudos de la
civilización, casi siempre se ocupan bienes de primer orden y muy pocos de
segundo orden), para pasar a bienes de tercer y cuarto orden, satisfaciendo
cada vez círculos de orden superior que hace que exista la división del
trabajo.
Cuanto más avanzan las
sociedades en esta dirección, más se diversifican las clases de bienes y, por
consiguiente, más diversas son las funciones y más necesaria y al mismo tiempo
más económica la creciente división del trabajo, siendo ésta resultante de una
diversificación espontánea en la producción de bienes y no así producto de un
orden impuesto por algunos.

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